Este fin de semana nos visita Benedicto XVI en calidad de jefe del Estado Vaticano, muchos ciudadanos nos vamos a manifestar en contra en Barcelona este jueves 4 de noviembre a las 19 horas en la Plaza de San Jaime. Iré con todo el derecho porque creo que es mi deber defender un Estado Laico donde los ciudadanos no tengamos que pagar los gastos de una confesión religiosa, iré porque creo firmemente en la separación de la Iglesia y el Estado como modelo para una ciudadanía democrática, libre y donde impere el respeto mutuo y no se impongan las creencias por decreto. Me manifestaré por la derogación de las leyes que privilegian a la Iglesia católica y por los muchos miles de millones de subvención que recibe una institución no democrática que menosprecia a la mujer y obliga a sus miembros a guardar el celibato obligatorio y que además de amparar o mirar para otro lado en los casos de pederastia de sus ministros no rinden cuentas de cómo administran su patrimonio (exentos de impuestos) ni de sus actos.
Iré porque considero un insulto que con la crisis que estamos sufriendo y millones de ciudadanos padeciendo, venga un individuo derrochando boato y millones de euros a adoctrinar con sus creencias con todos los medios públicos puestos a su disposición, porque es una aberración democrática que las pensiones, jubilaciones y prestaciones de desempleo se congelen y se rebajen y dependan exclusivamente de las cotizaciones de los trabajadores y la iglesia católica se financie vía el IRPF y subvenciones estatales, autonómicas y locales. Porque las escuelas públicas dejen de ser centros de apostolado y los actos y lugares públicos dejen de estar presididos por símbolos religiosos, porque se respete a todas las personas vivir según su condición sexual, porque dejen de prohibir el uso del preservativo y la investigación con células madre, porque las mujeres tienen todo el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, porque se derogue el Concordato postfranquista entre la Santa Sede y el Estado, en defensa de un Estado Laico.
Por todas estas razones este jueves iré y me manifestaré, y porque no les perdono, ni les perdonaré jamás, que mi niñez y parte de mi pubertad estuviera marcada por una educación nacional-catolicista obsesivamente sectaria y fascistamente represiva, tanto en lo público como en lo privado. Si algo le puedo agradecer a toda la aberración que me obligó a ser creyente a la fuerza, es que hoy puedo decir que soy un ateo convencido gracias y por la gracia de las practicas esperpénticas (y con fecha de caducidad) de la Iglesia católica, apostólica y romana.
