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25 jun. 2009

De aquella Transición, estos rancios lodos neofranquistas enquistados en el Poder Judicial

La transición democrática ha sido (es) un fracaso para la reconciliación entre los herederos del franquismo, y todos los demás, así como para cerrar la etapa más negra de nuestra historia, pues su base se sustentó en obligar no solo al olvido voluntario de todas las aberraciones que los vencedores (antes, durante y después) hicieron pasar a los vencidos, sino a la humillación pura y dura para los que olvidándose de la reparación y restitución del honor judicialmente de sus familiares asesinados y enterrados (desaparecidos) en el olvido obligatorio oficial, solo les ha motivado el encontrar los restos de sus familiares para darles ese último homenaje que todo ser humano se merece. Mucho ha llovido desde que lo importante para la oposición democrática fuera que el régimen desmontara sus estructuras dictatoriales para después ir haciendo a medida que la sociedad fuera evolucionando y los actores principales fueran desapareciendo (de por sí, es lo que perseguian los vencedores), y mucho se quedó en el camino (incluido estructuras sin desmontar) desde que esa misma oposición (con algunos matices) aceptó el atado y bien atado que el asesino de masas profirió a cuenta de su sucesión. Se pudo haber cambiado la enseña nacional, y no necesariamente por la tricolor, pero sí al menos por una que uniera a la mayoría, se pudo a la vez haber obligado a cambiar el himno, para lo mismo. Y se hubiera podido obligar a pedir un referéndum entre monarquía y República, y no para aceptar el 2x1 de la muñeca Barby preñada de gemelos: La monarquía y la democracia, o seguir con el aborto de la dictadura, se hubiera podido, porque si bien la correlación de fuerzas no daba para que lo que se impusiera en la negociación fuera la democracia desde el inicio, si para que simple y llanamente se exigiera lo mínimo que democráticamente se podía pedir, que no era otra cosa que la democracia no empezara ciega, coja, manca y lo que es peor, secuestrada, lo que hemos podido comprobar a lo largo de todo este tiempo, y que desde que se aprobó la Ley de la Memoria Histórica, se ha manifestado con toda su cruda realidad, sobre todo si observamos como se ha pasado de utilizar a los peones ultras para salir en tropel todos los pesos pesados enquistados sobre todo en la judicatura, contando con la indisimulada colaboración, por acción de muchos dirigentes del Pp encuadrados en el núcleo duro de FAES. La ofensa y humillación, ha sido la norma que ha acompañado a todos los represaliados del franquismo, ejemplos hay muchos, puede que el más paradigmático sea el de Federico García Lorca, pero el que me ha dejado más perplejo (indignado e irritado) ha sido el del Diputado del PSOE por Málaga, Luís Dorado Luque, fusilado por las fuerzas franquistas en Córdoba a finales de julio de 1936, pues hasta la alcaldesa que era de IU (Rosa Aguilar, por si a alguien se le olvidó) le puso palos en las ruedas (prueba fehaciente de que Rosa desde tiempos remotos tenía pensado su porvenir político) y que ante las denuncias de los familiares del mal comportamiento del PsoE ante su responsabilidad histórica sugiere la connivencia (por acción u omisión) de una parte de la izquierda de este país que por un complejo o síndrome “no” explicable (¿o sí) no solo hacen un flaco favor a la cicatrización de las heridas, sino que potencian a las fuerzas más reaccionarias. Gracias al nuevo alcalde Andrés Ocaña que ha dado el compromiso de la corporación para certificar la muerte oficialmente, localizar la fosa y si las circunstancias lo permiten, exhumar el cadáver, se da un giro de 180º y podemos empezar a creer que si bien tenemos la democracia que nos hemos ganado a pulso, algunas cosas con voluntad política y con digna firmeza, se pueden cambiar. Pero no nos engañemos, estamos en una etapa social donde las fuerzas conservadoras han copado el espacio social y electoral y la izquierda anda tan desorientada y flaca de apoyos, cuando por la situación de la crisis y los graves problemas sociales y laborales que han creado las políticas neoliberales deberíamos estar más potentes y combativos que nunca. Y deberíamos de estar pensando que es lo que nos espera en el futuro inmediato cuando se ha llegado a una situación en nuestro país (y otros de nuestro entorno) donde declararse socialdemócrata se es automáticamente acusado de ser de muy izquierdas y si lo que hacemos es declararnos socialistas, es ser tachados (y ninguneados) de izquierda radical, a veces o muchas veces incluso dicho por medios afines a la socialdemocracia. Con estos antecedentes es muy difícil pensar que después de tantos años que el PsoE ha gobernado malgastando sus cien años de honradez preocupándose casi en exclusiva de obtener y mantenerse en el poder (siendo el máximo culpable –no el único- de la derechización de la sociedad española) despreocupándose no ya de la Memoria Histórica de todos, sino, hasta de la suya propia, dándose mucho bombo y platillo, eso sí, en los actos institucionales de desagravio de las víctimas de la represión de la dictadura, actos, que en muchas ocasiones han sido promovidos en contra de la voluntad política de dirigentes del PsoE (¿será por la larga mano de Bono y demás socioliberales? Digo yo, que será) pero que al final y como suelen hacer, se lo apuntan en su haber. Y decía que con estos antecedentes es muy difícil que podamos tener una justicia que sea imparcial, o al menos que lo aparente, si además añadimos que dentro de esa misma justicia que está plagada de elementos adictos al régimen de Franco que en vez de estar perseguidos por apología del franquismo y en muchos casos sus partidos y asociaciones ilegalizados (como lo están otros partidos y organizaciones, gracias una vez más a la fantástica Transición que cerró en falso el modelo de Estado) obtienen el mejor premio, la de ocupar lugares preferentes en muchos aparatos decisivos del Estado, y el más crucial y peligroso, la judicatura, que es donde está más infectado. No nos debería extrañar que las fuerzas fascistas estén cada día más fortalecidas, mientras tenemos una izquierda que cuando les interesa se proclaman progresistas y cuando también les interesa de izquierdas o socialistas, o lo que es lo mismo, directamente pervirtiendo el significado y la historia del socialismo, y cuando no, como es el caso de que se acercan los 70 años que miles de asesinados siguen desaparecidos, y no dicen ni esta boca es mía, mientras los conservadores hundidos en la mierda de la corrupción y presuntamente en la financiación del Pp, le meten un gol detrás de otro. Que no nos extrañe pues, que un Juez, Adolfo Prego, confeso de alabar el Golpe de Estado del 36, firmante de un manifiesto contra la ley de la Memoria Histórica, miembro (parece ser que muy activo) de la asociación de ultraderecha DANAES y socio exclusivo de El Casino de Madrid donde gracias a sus buenos oficios (no sé si pesa más el privilegio de ser juez o por ser un ultraderechista convencido) todavía mantienen una escultura de tamaño real (o sea, enana) del dictador, y por lo que parece, lugar predilecto (nido) de los sectores ultras de Madrid, sea el que le esté dando la puntilla a la primera posibilidad (que no será la última) de que desde la justicia se empezara a tomar en serio en esforzarse en aparentar el ser un Estado de Derecho empezando por fin a cicatrizar las heridas que algunos se empeñan en cicatrizar a fuerza de continuar con la receta-estrategia del chantaje-miedo, por lo tanto nos dan a entender que o escogemos lo peor, más de lo mismo: el olvido por miedo o volvemos a la situación del 36, estrategia que la Conferencia Episcopal (que como todo el mundo sabe nada tuvo que ver con la guerra civil) al unísono con la guardia pretoriana del Pp, se preocupa en mantener viva. En definitiva, un juez que de no tener frente a la estrella mediática de Garzón, ahora no sería más que lo que siempre ha sido, (y muchos otros son) un parásito heredero del franquismo enquistado en el poder, y eso no es lo más inquietante, lo grave es que a sabiendas de todo esto, el Poder Judicial no lo haya destituido fulminantemente por estar más que contaminado para continuar con la querella que el sindicato de funcionarios “Manos Limpias” (que por cínicos no les gana nadie) ligado o próximo a DANAES interpuso contra el primer juez que en todos estos años ha iniciado lo que ya hace muchos años se debía haber zanjado Parlamentaria, judicial, política y socialmente, el cierre definitivo de nuestra horrible y sangrienta guerra. Un fracaso de Transición Democrática, que ahora seguimos pagando con unos lodos que si bien cada vez hieden más y peor, todavía estamos a tiempo de sanear de raíz y para siempre, democráticamente, pero hasta el fondo. Nicolás Durán

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