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12 sept 2010

La lucha final (I y II) por Julio Anguita


Una opinión que J. Anguita como siempre lo borda. Pero esta entrada no es para ensalzar la extraordinaria figura de Julio, no lo necesita, es simple y llanamente aprovechando esta buena opinión para hacer un llamamiento a una seria y rigurosa reflexión para los que se consideran (nos consideramos) de izquierdas. Debería hacernos reflexionar a "TODOS" los que desde diferentes modos de entender y aplicar la pluralidad de la izquierda (a la izquierda del PsoE) lo poco, o muy poco que estamos haciendo para lo mucho que está cayendo, mientras el neoliberalismo está a punto de darnos "La Estocada Final." 

Hay que ponerse de acuerdo, es de vital importancia que los que defendemos una alternativa de izquierdas nos pongamos de acuerdo, hay que estar a la altura de las circunstancias, la Huelga General debe unirnos y ser el primer paso para crear las condiciones de "La Izquierda" alternativa y combativa. Hay que pasar a la ofensiva, nos jugamos el futuro del sindicalismo y de la izquierda, nos jugamos el Estado del Bienestar y los derechos de los trabajadores y perder en esta batalla de la Huelga General del 29 de septiembre toda posibilidad de contestación a las imposiciones del capital financiero y especulador, nos jugamos que el movimiento obrero no pueda levantar cabeza en muchas generaciones, eso sin contar que si no reaccionamos, la batalla perdida sea tan importante que al final nos tengamos que resignar a que la clase obrera seamos los nuevos esclavos del Siglo XXI.


La Unidad hace la Fuerza
El 29-S paralicemos todo el país.





  

La lucha final (I)

El capitalismo, basado en la codicia, la propiedad privada y la descentralización de las decisiones, es cíclico y está sujeto a los vaivenes de la enfermedad maníaco depresiva financiera. No hay un subastador que arbitre el conjunto de la economía ni un encargado de aplicar sistemáticamente "condiciones de transversalidad" que eviten la explosión periódica de burbujas de precios de los activos en los mercados especulativos. Desgraciadamente es así ,tenemos que aceptarlo. La última vez que la humanidad trató de poner fin a estos excesos del capitalismo fue con la planificación central, y todos conocemos los resultados(Willem Buiter, profesor de Economía Política en Londres y desde Enero de este año economista jefe del banco estadounidense Citigroup. Recogido del Informe anual de Libertad Económica en el Mundo de 2009 y publicado por el diario El Economista).


El texto anterior constituye la muestra más acabada y sibilina de la línea argumental con la que el capitalismo se erige en la única vía posible. Renuncia a hacer una alabanza del sistema. Simplemente lo presenta como inevitable. Busca provocar en los lectores la resignación. No hay opción alternativa que sea viable. Del discurso que presentaba a los alternativos y luchadores contra el sistema, como equivocados, locos, rojos o desviados se ha pasado a la descalificación basada en la inanidad, en la irrelevancia y en la falta de consistencia de cualquier otra propuesta distinta. Del infierno al que se nos condenaba se nos ha pasado directamente al limbo. Y para ello sitúa como único ejemplo de propuesta alternativa seria, lo que llama la "planificación central". El hundimiento de la URSS sigue dando mucho juego.

En consecuencia, para el autor el capitalismo queda como mal menor al cual se deben someter voluntades, políticas, valores, programas y apuestas de futuro. Desde el "dejad toda esperanza" que Dante colocaba en la puerta del infierno para información de los que iban a entrar en el mismo, no ha habido otra línea argumental más cargada de inexorabilidad. Aquí está el epitafio a la Política, la creación social, la voluntad de cambiar el mundo, los anhelos de justicia o la lucha por la dignidad humana. Nada que hacer.

En 1992 Francis Fukuyama a través de su libro "El fin de la Historia", anunció que la desaparición del llamado socialismo real no sólo había constatado el fracaso del comunismo sino que además había proclamado la superioridad del capitalismo. En consecuencia y a través de lo que él llamó liberalismo democrático se abría una nueva etapa de la historia de la humanidad en la que las ideologías- innecesarias ya- serían sustituidas por la Economía. En esa nueva etapa que Fukuyama preveía, USA sería el lugar en el que se haría posible el sueño marxista de una sociedad sin clases.

Como comprobarán los lectores desde Fukuyama a Buiter ha habido una degradación notable. El primero pretendía lanzar un mensaje optimista; tras el comunismo el mundo recuperaba la posibilidad de desarme, justicia, bienestar y un nuevo orden social regido por el Derecho (recuerdo que esta tesis, bastante candorosa, era compartida por altos dirigentes de IU). Buiter no fantasea, no augura un nuevo orden, no plantea un ideal de mejoras; simplemente nos dice: resignaos.

En consecuencia tanto el FMI, la OCDE, la UE, el BCE o "los mercados" ya no se escudan en la promesa de venturosos días de pleno empleo tras los tijeretazos a los derechos de los trabajadores o después de terminar la demolición del llamado Estado el Bienestar. Incluso los denominados partidos socialistas, con el coro de medios de comunicación afines, no dudan en retomar palabras y expresiones como patriotismo, España, "deberes bien hechos" o "Europa reconoce nuestro esfuerzo" para justificar algo que subvierte la ejecutoria de sus raíces, la memoria de sus luchadores y los ideales éticos y revolucionarios que les dieron -otrora- sentido a su existencia.

La lucha final (II)

La unánime conjunción de organismos, sectores económicos, gobiernos y creadores de opinión en la explicitación del discurso justificativo de la actual ofensiva capitalista le dan a ésta un marcado sesgo de asalto final. La situación para los dominados es extrema y en proceso de mayor agravamiento. La apelación a los sacrificios se reviste con una lenguaje pseudo- científico que hace de la Economía una especie de divinidad lejana, inapelable y ajena a los intereses mayoritarios. Los poderes económicos, sus guardaespaldas gubernamentales y sus pregoneros intelectuales y mediáticos predican un día sí y el otro también la inevitable necesidad de acatar los dictados de los mercados.

Para nosotros, los que ha tiempo decidimos luchar contra esa miseria intelectual, moral, política y social que constituye la sociedad llamada eufemísticamente delibre mercado, ha llegado la hora en la que como personas y colectivo organizado, debemos aclararnos, responsabilizarnos y obrar en consecuencia. Estoy convencido de que si ésta no es la hora de la lucha final a la que alude la letra de la Internacional, es su antesala. Por lo menos así lo evidencian políticas económicas, discursos justificativos y constantes degradaciones teóricas y prácticas de los conceptos Democracia y Derechos Humanos. Resumiré en unos puntos indicativos la línea de actuación que, a mi juicio, debemos seguir personal y colectivamente.

1º.- La guerra ideológica contra el sistema es total. No admite tregua, armisticios o concesiones en nombre de lo políticamente correcto. El rearme por nuestra parte es inexcusable. Y ello no es una cuestión de consignas, fórmulas o declaraciones de fidelidad política u orgánica sino la dedicación a la preparación, el estudio y la movilización organizada. Sin aprendizaje no hay práctica revolucionaria y alternativa.

2º.- La lucha de ideas se inserta en el campo teórico pero básicamente en el terreno de la vida diaria, de la cotidianeidad. Las ideas alternativas necesitan vivirse primero para poder así transmitirse mejor, vía ejemplo.

3º.- Ha llegado el momento de la gran reconsideración acerca de parámetros y paradigmas tales como calidad de vida ligada al consumismo, desarrollo económico como sinónimo de crecimiento desaforado, enriquecimiento fácil como meta de reconocimiento social y cultura popular como pasividad ante determinadas tradiciones, valores y actitudes que velan y hacen olvidar el permanente conflicto social.

4º.- En conclusión todos los hombres y mujeres que nos reclamamos de izquierdas debemos, en esta hora, pasar a la condición de militantes con todo lo que ello conlleva.

Pero estas actitudes y propósitos a título personal tienen mucho que ver con el tipo de organización en la que pretendemos militar consecuentemente. Y aquí ya no caben más dilaciones o llamadas al patriotismo organizativo.

Piense cada uno y cada una si ante lo que está pasando no debemos buscar en lo mejor de nuestra historia para poner en marcha todo un despliegue de creatividad basado en la convocatoria, incorporación y síntesis de visiones, personas, programas y valores caracterizados por su vocación de alternativa revolucionaria al sistema.

Creo que deben caer las últimas vendas que han tapado los ojos de colectivos varios y de grupos de opinión autocalificados de progresistas. En esta lucha las siglas y las denominaciones confrontadas electoralmente no deben arrastrarnos en función de cuestiones adjetivas, coyunturales o de imagen. La votación en el Congreso de los Diputados sobre la admisión a trámite como Proyecto de Ley del Decreto del Gobierno sobre la reforma del mercado laboral, es significadamente explícita.

La realidad nos está llamando. Tenemos por delante una tarea de concienciación, organización y elaboración de la propuesta alternativa sin concesiones tácticistas. Eso lo está esperando mucha gente. Convoquemos para una larga, tenaz, paciente, subversiva, concreta y programada lucha final. Aquí y en otras partes.

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